lunes, 23 de mayo de 2016

SECTOR AGRÍCOLA: COOPERATIVISMO.

Cooperativas, el potencial del campo.

Su fuerza en la producción no se refleja en los procesos de transformación, industrialización y distribución.
Las cooperativas agroalimentarias celebrarán la próxima semana su asamblea general ordinaria para analizar, tanto el comportamiento del propio sector cooperativo, como su papel en el marco de la política agraria y de la industria alimentaria en su conjunto.

En la asamblea se dará cita la representación de cerca de 4.000 cooperativas y de otras entidades asociativas que operan en el sector agrario con una facturación de más de 26.000 millones de euros, cerca de 100.000 empleo fijos donde se debe destacar que prácticamente en su totalidad se hallan ubicados en el medio rural, lo que supone una pieza clave para el sostenimiento del territorio y la afiliación de más de un millón de socios, aunque en muchos casos una misma persona pueda estar en dos o más cooperativas diferentes.

Sobre el papel, las cooperativas suponen, en muchos casos, más del 80% de las producciones agrarias en los sectores agrarios donde operan destacando los casos del vino, especialmente en Castilla La Mancha, el aceite, con una gran concentración en Andalucía, las frutas y hortalizas en Andalucía y en toda la costa del Mediterráneo, en Valle del Ebro o las pequeñas y numerosas cooperativas en zonas de producción lechera como Galicia. En conjunto, su actividad significa el 60% de la Producción Final Agraria y casi el 30% de las ventas de la industria agroalimentaria

Un reciente estudio elaborado por un grupo de profesores de la Universidad de Cartagena para la cooperativa Cajamar, primera entidad de crédito en el sector agrario y alimentario, señalaba el buen comportamiento de las entidades cooperativas agrarias en los años de la crisis de la economía, para concluir que este modelo de organización ha tenido unos resultados muy diferentes al resto, por lo que ofrece importantes ventajas. El estudio en cuestión analizó la situación de casi un millar de entidades asociativas entre los años de 2011 a 2013. De unja manera muy resumida, estas serían algunas de las conclusiones derivadas de los análisis de sus resultados.

Los niveles de empleo se han mantenido prácticamente en las mismas cifras, antes que después de la crisis, frente a los recortes habidos en la mayor parte de los demás sectores o solamente al crecimiento temporal en campañas o actividades como el ocio y el turismo. Las ventas de las mil cooperativas analizadas de todos los sectores y tipos de actividad y tamaño, experimentaron un crecimiento del 19% para el comercio interior o para las exportaciones, lo que pondría de manifiesto su mayor capacidad para hacer frente a las crisis. Según se desprende de esos análisis, la cooperativas tienen una buena posición de liquidez, tanto a corto como a largo plazo, con una evolución favorable que reduce, en e líneas generales, el riesgo de sufrir tensiones financieras, aunque se aconseja potenciar las políticas de gestión de circulante y de tesorería para dar una mayor credibilidad ante el exterior. El capital circulante de las cooperativas analizadas solo supone el 13,8% de los activos, lo que da idea de que existe una correcta financiación en las inversiones. En materia de capitalización, los recursos propios representaban en 2011 el 42,7% de su estructura financiera, pasando a supone el 43,5% en 2013. En materia de endeudamiento, existe prácticamente una estabilidad. La carga financiera de las cooperativas es muy reducida y ha tenido además un comportamiento favorable durante el periodo de crisis ya que solo ascendía al 1%. Eso supone que de cada 100 euros de facturación de las cooperativas, solamente uno está destinado a pagar gastos financieros. Son igualmente positivos los datos sobre rentabilidad con una mejorar en el margen de explotación que pasa de suponer el 0,63 de las ventas en 2011 al 1,673% en 2013.

Sin embargo, esos datos positivos no pueden ser suficientes para ocultar que el sector der las cooperativas tiene todavía por delante muchos retos a superar en beneficio de sus más de un millón de asociados, si se tiene en cuenta que suponen el 60% del valor de la Producción Final Agraria.

Uno de los principales retos es la necesidad de adquirir una mayor dimensión en la actividad de cada entidad, aunque en muchos casos, el volumen no sea el equivalente a rentabilidad. Sin embargo, frente al mayor peso de una buena parte de las industrias a quienes las cooperativas venden parte de sus producciones y, sobre todo, ante el poder dominante de los grandes grupos de la distribución con capacidad para imponerlo todo, es fundamental el desarrollo de los procesos de concentración cooperativa.

Aunque en los últimos años se han dado algunos procesos, la realidad es que el descenso de este tipo de entidades ha sido muy escaso y que, en muchos casos, las cooperativas llegan a ser competencia entre sí mismas en una localidad o comarca. La respuestas que se han dado a la iniciativa oficial para la constitución de las Entidades Asociativas Prioritarias es un ejemplo si se tiene en cuenta que en casi dos años de funcionamiento solamente se han certificado como tales las de Ovispan en ovino, Decoop y Baco en aceite y vino y la expansión del Grupo AN. En este casi sí como un gran ejemplo de integración de sectores y territorios.

La integración constituye una necesidad, no solamente para la comercialización de las producciones, sino por suponer a la vez mayores posibilidades para acometer procesos de innovación y desarrollo, para la transformación de los productos, ganar más valor añadido, ganar mercados y la posibilidad de negociar en pie de una mayor igualdad con las industrias y la distribución. En la parte contraria, es fundamental para mejorar la capacidad de compra de bienes de producción, factura que cada día tiene un mayor peso en las cuentas de una explotación.

La política de concentración, en contra de lo que se piensa por muchos desde el propio sector, no tiene nada que ver con la existencia o no de políticas de ayudas o de incentivos. Más bien, debería ser todo lo contrario. Acometer un proceso de fusión debería ser simplemente el resultado de un análisis sobre las posibilidades que ofrezca a para crecer, para vender más y mejor, para ganar en competitividad y mejorar los resultados. En las cooperativas, fundamentalmente esa tropa mayoritaria de pequeñas que no llega a una facturación de los cinco millones de euros, en muchos casos el principal problema es superar el personalismo o protagonismo de sus responsables que, en procesos de fusión o integración podrían perder puestos en los que llevan muchos años.

Las cooperativas van bien, pero para avanzar son indispensables cambios. Y no es suficiente que esas políticas de cambio se propugnen desde la cúpula de las cooperativas o desde las Administraciones, si no existe una conciencia y una capacidad, en muchos casos de renuncia, desde las bases.

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